miércoles, 29 de septiembre de 2021

Reseña: Por la razón o la fuerza, de Marcos Roitman Rosenmann


Las destituciones de Dilma Rousseff, Fernando Lugo y Manuel Zelaya nos recuerdan que en Latinoamérica la democracia plena no está garantizada. Si bien en el último cuarto del siglo XX la región inició el paso de los gobiernos militares a autoridades electas, los casos señalados dejan claro que la democracia en la región está resguardada bajo lo que se considere “apropiado” para las clases dominantes y la fuerza armadas.

Marcos Roitman recorre la vida soberana de las naciones latinoamericanas para analizar las estructuras políticas dominadas por militares, sus procesos y orientaciones políticas; ya que no todas fueron iguales y no todas fueron parte de la coordinación conocida como el Plan Cóndor, donde el enemigo imaginario era el comunismo de manufactura soviética. 

Recordar particularmente lo ocurrido con Salvador Allende resulta saludable para los nuevos gobiernos de izquierda en la región; el autor del libro no solo analiza lo sucedido, sino que resalta el papel en éste del planteamiento de Gene Sharp bajo la teoría de la resistencia no violenta, que, sujeta a la voluntad de los poderes facticos, resulta en una estrategia de boicoteos que buscan poner el escenario para la aceptación de una interrupción violenta del mandato.

También se recapitula cómo ante un mundo alejado cada vez más del fantasma del comunismo soviético ha tenido que mutar de narrativa, de la guerra al narcotráfico a la guerra jurídica o “Lawfare”, bajo la cual se disfraza el golpe de estado y se difumina la línea de la legalidad. El libro publicado en su primera edición en 2019 no atestiguó lo ocurrido con Evo morales en la elección presidencial, pero la “invitación a dejar el poder” por parte de las fuerzas armadas bolivianas caería en dicha categoría.

En el libro de Roitman están presentes otros casos y fracasos como los de intentos de hacer a un lado del poder a Rafael Correa, a Hugo Chávez y al actual presidente venezolano Nicolás Maduro, así como también las inocultables falsedades jurídicas en el caso hoy cerrado a Lula da Silva, pero que fue suficiente para dejarlo fuera de la carrera presidencial de 2018.

La lección más importante de Roitman en todo caso es la realidad que debe tomar en cuenta cualquier plataforma política de izquierda. Como los nuevos presidentes han visto, obtener el gobierno no es obtener el poder, y la propuesta al electorado debe llevar claro que, si se quieren lograr los objetivos políticos, no podrá ser de un día para otro, sino mediante un largo proceso de transformación del pensamiento y no será con colaboración de los poderes fácticos. La resistencia de los oligarcas se debe tomar en cuenta.

Ahora, cuando las naciones de la región están buscando afrontar nuevos retos como la reforma a la OEA o un nuevo liderazgo bajo el marco de la CELAC, deben voltear hacia atrás y no esperar un camino de rosas. Como señala Roitman, los golpes blandos consisten en acorralar al gobierno, deslegitimar sus fuentes de poder, minar la autoridad, provocar el colapso y promover, una ruptura del orden constitucional; lo que significa que la lucha no será limpia.

El título del libro lo dice todo, como el lema del escucho chileno “Por la razón o la fuerza” el mantenimiento de la democracia siempre estará en duda ante la confrontación con los intereses oligopólicos, un elemento más de las coincidencias latinoamericanas.


lunes, 14 de junio de 2021

Archegos... Esas nuevas-viejas grietas del sistema financiero


No ha hecho mucho ruido, pero su caso es el recordatorio que algunas de las causas de la crisis financiera de 2008 no han sido atendidas. Estamos hablando del caso del fondo de inversión Archegos Capital Management que resultó insolvente en sus operaciones en marzo pasado.

Aunque por su tamaño no implica un evento sistémico, dibuja un patrón de cómo pueden ser pasados por alto espacios de arbitraje regulatorio en el sistema financiero debido su naturaleza compleja e interconectada.

Archegos se encargaba de la operación de US$10.000 millones del capital familiar de Bill Hwang, pero a finales de marzo se encontró en crisis al no poder hacer frente a sus posiciones en derivados (total return swap) debido a las garantías adicionales (conocidas como margin calls) que le fueron requeridas por importantes bancos como Goldman Sachs, Morgan Stanley y Deutsche Bank, Credit Suisse y Nomura después de que sus inversiones se depreciaran, entre las principales la compañía de medios ViacomCBS.

La naturaleza de los mercados financieros, como cualquier otro mercado, supone la competencia y la entrada y salida de nuevos participantes de acuerdo a su capacidad de ser rentables, de tal manera que en el caso de Achegos, en principio se trata de un hecho cotidiano donde la empresa enfrenta las consecuencias de contratar operaciones riesgosas; sin embargo, las relaciones de los grandes bancos con Archegos deja ver que incluso tras las reformas financieras de 2008 que buscaron atajar las consecuencias de instituciones “demasiado-grandes-para-quebrar”, en los mercados financieros aún existen canales de transmisión de riesgos que hacen dudar de la superación del llamado riesgo sistémico. De aquí que surjan preguntas y situaciones que pueden servir de guía sobre los cabos sueltos que deben atenderse en el futuro en términos regulatorios.

En primer lugar, hay que preguntarse ¿Cómo fue que estos pesos pesados de la industria financiera fueron incapaces de evaluar el riesgo de impago de Archegos y terminaron perdiendo entre US$20.000 y US$30.000 millones? Se puede aventurar una explicación en la naturaleza de los instrumentos derivados, de la misma forma que en 2008, los llamados OTC o contratos no estandarizados, no pasan por una contraparte central, es una operación limitada a las dos partes.

En segundo lugar, se tiene el llamado apetito de riesgo de los bancos. A grandes rasgos, la operación de Archegos consistía en que rentaba las acciones seleccionadas para invertir a los bancos, ellos mantenían la propiedad mientras el fondo les pagaba por obtener mantener las acciones un tiempo acordado, disfrutando de las ganancias de una mayor cotización al alza, pero afrontando los riesgos de una baja en su valor, en otras palabras, en esta operación se presentó un deseo de ganancias fáciles con riesgos mal calculados por parte de los bancos.

En tercero se observa la propia negligencia imperdonable de los bancos al permitirse operar con Hwang frente a sus antecedentes fraudulentos, pues el creador del fondo ya contaba con sanciones por parte de las autoridades bursátiles por operaciones con información privilegiada en 2012, los bancos debieron haber cumplido con su deber de diligencia y conocer la contraparte de sus operaciones. Quizá por la magnitud de las ganancias en años previos de Archegos, llegando a los US$50.000 millones en activos, con resultados superiores a los principales índices bursátiles, fue sencillo mirar a otro lado.

Por último, la mayor preocupación del caso surge por la inoperancia de los reguladores financieros (en este caso particular la Securities Exchange Commision y la Commodity Futures Trading Commission) que nunca vieron pasar las transacciones, puesto que las operaciones derivadas fuera de bolsa y no estandarizadas no pasaron por los registros de las autoridades. Todo apunta a la falta de implementación de algunas partes de la reforma financiera norteamericana Dodd-Frank de 2010 que no han sido implementadas, lo mismo se puede decir de los estándares internacionales, tras la crisis causada por la pandemia de covid-19 los estándares en materia de margin calls fueron recalendarizados para su completa implementación hasta 2022, lo que generó el espacio para que ni los bancos ni el público conocieran las operaciones con derivados (de la misma forma que ocurrió con el fondo Long Term Capital Management en 1998!) y por tanto no existiera una adecuada evaluación de riesgo, en lo que se puede detectar una falla en lo que se conoce como “disciplina de mercado”.

Este caso, intrascendente en su impacto financiero, debe prender las alertas no solo a las autoridades norteamericanas, sino al conjunto de reguladores globales y los emisores de estándares, ya que es un ejemplo de cómo existen resquicios regulatorios que pudieran tener alcance sistémico (por ejemplo, si se hubiera tratado de unas operaciones de mayores recursos) en los temas que se consideran ya superados, particularmente cuando este mismo año el Financial Stability Board (FSB) acaba de publicar un informe optimista sobre el trabajo realizado sobre los bancos “demasiado grandes para quebrar”; al parecer el contagio y la complejidad son aristas aun no atajadas del todo.

jueves, 3 de junio de 2021

Banking as a … Netflix?


¿Qué cambios podrían hacer las plataformas digitales de los bancos que los hagan parecerse a netflix? Quizá poner de forma gráfica algunos elementos, mejoras en la navegación, control de estadísticas, etc. Sin duda hay muchos elementos de mejora en los portales digitales de la banca, tanto en sus aplicaciones para celular como en los portales, pero el apuntar hacia un “modelo netflix” no hace sentido. Por el contrario, tomar como modelo un portal donde todo es gráfico, estimulante, con sugerencias basadas en recomendaciones de otros usuarios, etc. más que resolver un problema, se esté pisando el terreno inexplorado de la gamification o hacer-parecer-un-juego los servicios financieros, que actualmente está en polémica regulatoria por el caso de la aplicación bursátil RobinHood en Estados Unidos porque las consecuencias de ello son bastante reales en términos de perdida de patrimonio de los clientes. Habrá que ser cuidadosos.

Si se está hablando de una personalización de los servicios bancarios para ofrecer productos “a la medida”, una vez que el banco tiene un conocimiento profundo de nuestro perfil, estamos hablando de una modelo diferente, ese es el sentido del open banking, el usar datos de nuestras operaciones a través de las aplicaciones que permita a diversas empresas financieras conocer nuestra conducta y por tanto tener mejores ofertas de servicios. Es la esencia a nivel mundial del nuevo sector financiero Fintech.

Entre otros conceptos que aún no están claros en México, como neobank, challenger bank, criptoactivos, etc., existen confusiones respecto a lo que es el Banking-as-a-Service (BaaS), una de las tendencias en crecimiento en la oferta de servicios fintech. Aunque suena contraintuitivo, el término no se refiere al “servicio de banca” hacia el usuario, se refiere a que un banco ofrece sus procesos (llámese oferta de crédito, cuentas de depósito, etc.) a otra compañía (fintech) para esta a su vez pueda ofrecer dicho servicio con su propia marca ante el usuario.  Si hablamos de captación de recursos del público debe quedar claro que está prohibido en México por la Ley de Instituciones de Crédito solo permite ofrecer dicho servicio a entidades con licencia bancaria y algunas figuras incluidas las Instituciones de Tecnología Financiera.

El BaaS también es confundido con otra tendencia fintech, que nos recuerda a los viejos portales de internet como Yahoo o msn, en donde encontrábamos un mundo de información estructurada en módulos, esta es conocida como Bank as a Plataform (BaaP) donde un banco contrata una plataforma de productos de terceros (financieros o no) para complementar los servicios propios. El enfoque de mercado brinda a los clientes de diferentes segmentos acceso a una amplia gama de servicios. 

 La tendencia en la digitalización de los servicios bancarios de extremo a extremo aprovecha las nuevas tecnologías conocidas como D-basic (big data, blockchain, inteligencia artificial, tecnología de seguridad, internet de las cosas y cloud computing) gracias a los mayores alcances de las redes de internet pero para que la sociedad pueda sacar lo mejor de éstas aún quedan importantes temas regulatorios, entre los más importantes la seguridad de los datos y la privacidad de los usuarios, pero sobre todo se debe  impulsar una  política de educación financiera, estar atentos a no contratar servicios con empresas no reguladas, proteger nuestra información personal y evitar ser víctimas de abusos teniendo claro lo que contratamos. Como mencionamos al inicio, la siguiente polémica sobre el uso de modelos fintech será de la gamification de los servicios financieros, netflix es entretenimiento, la administración de nuestros recursos financieros no debe serlo.


miércoles, 2 de septiembre de 2020

Reseña América Latina, dos perspectivas desde Europa, Alain Rouquié y Michael Reid

 

 

 

Todos quieren explicar América Latina, todos entienden el potencial de una región sin mayores conflictos fronterizos, religiosos o étnicos; con historias paralelas, con abundantes recursos naturales y con una lengua común, a excepción de Brasil. ¿a qué se debe que ninguna de las repúblicas en la región haya podido hasta ahora superar la condición del subdesarrollo?

A pesar de los fracasados intentos de integración a lo largo de la historia, y de la reticencia de unos y otros gobiernos a estrategias regionales, es posible identificar etapas históricas homogéneas, los gobiernos militares, los gobiernos nacionalistas, los conflictos armados, las crisis de deuda, etc. Elementos que hacen atractivo el escudriño histórico de las excolonias españolas y portuguesas en busca de la explicación de su atraso.

Primero Alain Rouquié con su “Introducción al Extremo Occidente” de 1987 y de manera reciente Michael Reid con “El Continente Olvidado”, 40 años después, nos dan dos perspectivas atendiendo a sus profesiones, el primero como académico y el segundo como periodista. Se complementan en el estudio del desarrollo de la región coincidiendo en que no hay salidas fáciles, mágicas o de corto plazo, pero que no acepta la justificación de fondo para los latinoamericanos, la razón por la que no se logra la plenitud del desarrollo político, económico y social tiene que ver con la condición de área de influencia del big brother del norte. Como señala un chascarrillo político del siglo pasado ¿Por qué no hay golpes de estado en Estados Unidos? Respuesta: Porque no tienen embajada norteamericana.

Es verdad lo que ambos señalan, ni los populismos, ni los gobiernos militares con tintes nacionalistas se esforzaron lo suficiente para estructurar una economía con bases sólidas, la teoría del centro-periferia de la CEPAL se quedó corta en cuanto a la explicación de una matriz económica equilibrada, pero Rouquié no llegó en ningún momento tan lejos como Reid para justificar el fracaso tan solo en la llegada a escena en diferentes momentos de los “populistas”, estos magos de las ideas fáciles que en todo momento arruinaron el camino de los sacrificios andado por otros gobiernos responsables. En medio, Reid ve una sociedad concebida como “súbdita” si tomamos prestda la categoría de Grabriel Aldmosn y Sideney Verba en su trabajo sobre la cultura cívica.

De Reid hay que destacar su fluida narrativa, lógica, atendiendo a las preguntas básicas, pero a la vez simple y manipulada como una respuesta en Wikipedia. Explica, o más bien, justifica a los villanos comunes, el Consenso de Washington, no fue un plan malvado para alinear políticas, lo señala tan solo como un concepto académico interpretado peyorativamente. Las políticas que llevaron a la crisis argentina de 2001, para él fueron propuestas del gobierno argentino que terminaron por torcer el brazo al inocente e indefenso Fondo Monetario Internacional que se vio obligado a avalarlas, y como joya, el revisionismo a la intervención de los Estados Unidos en la región, pues ¿Qué son unos cuantos kilómetros cuadrados de Centroamérica? Que es donde acepta que se intervino militar y políticamente.

Rouquié es, por su parte, difícil de digerir, capitulado para diferentes lectores, sociológico. Esta última característica es lo que le da su mayor valor, incluso a pesar de los años. Entender, por ejemplo, que las élites regionales jamás estarán dispuestas a concebir a sus trabajadores como ciudadanos, incluso a costa del sacrificio de la rentabilidad de sus negocios, podría haber llevado a otro destino el diseño de las políticas privatizadoras de finales del siglo XX. En la complejidad termina por esconder un pesimismo respecto al desarrollo de la región, las sociedades latinoamericanas nunca dejarán de idealizar el sueño americano y por ello, están condenados a patrones de desarrollo que nunca serán favorables para las necesidades de la mayoría. Por ello, incluso con una conciencia de clase, difícilmente las masas se movilizarán para un cambio de fondo.

Como se mencionó, libros que expliquen la región existen muchos y con innumerables enfoques, pero estos, por ser dirigidos al público no especializado merecen la pena ser contrastados por sus enfoques, época y por qué no, sus prospectivas.

martes, 18 de agosto de 2020

Reseña: El Gran Nivelador de Walter Scheidel

 

El capitalismo nunca ha considerado la desigualdad como un problema, simplemente como una externalidad, de la misma forma que se clasifica la contaminación del medio ambiente.  Sin embargo, la sociedad moderna ha tomado conciencia de la gravedad de la contaminación y lo mismo está ocurriendo con la desigualdad. La ciencia económica ha volteado a verla como un elemento subestimado e igualmente grave por su condición estructural, es decir, donde ciertos elementos de la sociedad, sean cuales sean sus decisiones, no tienen forma de revertirla

Ante la critica que hoy enfrenta la globalización por la creciente desigualdad y concentración de ganadores y perdedores en el comercio internacional, Walter Scheidel, profesor de historia en la universidad de Stanford se preguntó ¿es el momento actual una coyuntura particular en términos de desigualdad en la distribución de la riqueza? O ¿es un escenario presente en todas las sociedades desde el inicio de la humanidad?

Para responder, Scheindel se dio a la tarea de estudiar la desigualdad desde el inicio de la humanidad, considerando las estructuras sociales y la distribución de la riqueza. Su libro “el gran nivelador” es doloroso de principio a fin y sin un final feliz. Página tras página, el estudio no hace más que probar que la desigualdad, en forma de concentración de ingresos, ha estado presente en toda la historia, mucho más allá de lo que podemos ver al día de hoy. Sin embargo, su libro busca otra respuesta ¿cuáles fueron los procesos que equilibraron nuevamente los ingresos y la riqueza?

El autor nos habla de cuatro jinetes, en referencia a la imagen bíblica de los cuatro jinetes del apocalipsis, en lugar del hambre, la guerra, la muerte y la conquista, se presentan la guerra, la revolución, las pandemias y las fallas del estado, pues los igualadores no llegan por la vía pacífica. El equilibrio social va de la mano de un costo en vidas. “Violencia y la historia de la desigualdad” es apropiadamente el subtítulo del libro.

La obra de Scheidel no lleva un mensaje esperanzador, si hoy podemos volver la vista atrás y ver que como sociedad tenemos mejores condiciones que en el pasado, el autor nos revela el costo. Hoy el mundo cuenta con una base de respeto al individuo establecida en los derechos humanos y en sociedades libres con derechos políticos y sociales, pero previo a su conquista debieron ocurrir dos terribles guerras mundiales. Los derechos fueron ganados a la par del sacrificio heroico de sus hombres y mujeres.

Finalmente, se presenta la interrogante, a la luz de la historia ¿cómo nos replanteamos como sociedad el problema de la desigualdad? ¿Asumimos las lecciones de violencia o nos resignamos a un destino de mayor riqueza en pocas manos y escasez para la mayoría?  Scheindel no lo deja así como así, para concluir nos da su perspectiva, se toma dicha atribución como autor y señala que las condiciones son distintas incluso para que los procesos violentos sean efectivos como igualadores. Sin embargo, nada está escrito. El pasado podrá afligirnos, pero no nos condena. 

Un libro que puede ser anecdótico para estudiosos de la desigualdad, pero esclarecedor para aquellos que creen en un urgente cambio social.

 

lunes, 10 de agosto de 2020

Sobre la reunión de ministros de finanzas y gobernadores de los bancos centrales del G20, bajas expectativas

 

“Estamos viendo como nos quitamos este problema de encima, para volver a nuestra agendita previa” parece ser el sentido del comunicado de la reunión de ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales del G20, como si a 12 años de la crisis financiera hubiera algo que celebrar.

Sin duda, el G20 ha dejado de ser “el comité para salvar el mundo” como lo fue en 2008; aun así, las reuniones de los ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales tienen el potencial de ser el origen de las iniciativas más audaces para un nuevo arreglo económico internacional. No es que no existan iniciativas sobre la mesa, es que parece que están mentalmente ubicados en principios del siglo XXI, donde los mercados financieros eran la respuesta a todos los problemas.

El comunicado de la reunión de mediados de julio no da muestras de la identificación de una oportunidad para una arquitectura financiera internacional más equilibrada, ni de empatía hacia el terrible impacto que la pandemia de Covid-19 está causando en las partes más vulnerables de sus sociedades. Sin siquiera mencionar los escenarios negativos previstos por las instituciones financieras internacionales como el Fondo Monetario Internacional (participe de los encuentros) para los próximos años, se sujetan al guion de un plan de acción que tan solo compromete a que cada uno se rasque con sus propias uñas y actúa de acuerdo con las leyes de oferta y demanda. Política monetaria laxa, política fiscal expansiva y respeto a las reglas del libre mercado; la idea clave del plan es mantener la liquidez. Se espera que, como si se tratara de los bancos en la crisis de 2008, tan pronto como se pueda salir a la calle, los negocios volverán a la normalidad y el crecimiento retomará el rumbo. Además de limitado en propuestas, el plan también es tan poco valorado que el primer compromiso señala el “total cumplimiento con las Regulaciones Internacionales de Salud”, cuando Estados Unidos anunció a finales de mayo su retirada de la Organización Mundial de la Salud.

Es evidente que los ganadores de la globalización, los países desarrollados, planteen dicho escenario. Lo sorprendente es que los países en desarrollo avalen la misma respuesta debido a que la capacidad de sostener empresas es distinta, el espacio fiscal es más ajustado, el costo de la deuda está aumentando y podría llegar a ser insostenible en algunos casos.

Argentina, participe del evento, está a unos días de enfrentar un nuevo impago a su deuda y la oferta del G20 a un escenario de ese tipo (la reestructuración de deudas), es planteado tan solo para los países menos adelantados. En México, tan solo por la contracción de su economía, la deuda aumentará al 55% del producto interno bruto y para nada hace suyas propuestas como la del Ex secretario Ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, José Antonio Ocampo, que señala que las calificaciones soberanas no deben modificarse en tiempos de pandemia, aun sabiendo las altas probabilidades de que esto ocurra el próximo año. Lo mismo puede decirse de los riesgos en que se encuentra Turquía con la devaluación de la lira o lo que pudiera ocurrir con Brasil y su creciente endeudamiento.

Como es bien sabido, todo vacío de poder tiende a llenarse y el G20 está ofreciendo una oportunidad de oro para quien busque asumir el liderazgo internacional, quizá la clave esté en la carrera por la vacuna anti Covid-19. Mientras tanto cada estado tomará sus medidas al interior, consistentes o no con lo acordado, pero legitimar un planteamiento tan mínimo parece innecesario. Sin una agenda real de cambio, quizá para la reunión de presidentes del G20 mantener el formato virtual sea lo más adecuado, pues no merece la pena ningún gasto ante sus mínimos resultados.