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miércoles, 1 de diciembre de 2021

Lista 2021 de bancos globales sistémicamente importantes


 Once años lleva la publicación de los Bancos Globales Sistémicamente Importantes (G-SIB), aquellos bancos que por su impacto en caso de quiebra pueden tener impactos profundos en el sistema económico del mundo entero.  La más reciente fue publicada la semana pasada.

Bajo acuerdo del G20 desde 2011, el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB) lleva a cabo anualmente la clasificación sistémica. Resultado, 25 de los 29 bancos de la primera lista se encuentran en la lista de 2021 y en respecto al año pasado, son los mismos 30 bancos.

La conclusión en sencilla, con todo y el aparato metodológico para clasificar a los bancos por sus características sistémicas, no hay suficientes inhibidores para que éstas instituciones financieras dejen de aprovechar las ventajas que ser extremadamente grandes y complejas. Desde la perspectiva de los organismos internacionales, el problema de bancos “demasiado grandes para quebrar” se resuelve con mayores requerimientos de capital y medidas de mitigación como planes de resolución en caso de quiebra. La última palabra será dicha tan solo en un caso excepcional como la crisis de 2008. 

Para colmo, JP Morgan Chase, BNP Paribas y Goldman Sachs escalan sus actividades globales y suben un escaño cada uno en la clasificación del FSB. Como dijo Charles O. Prince III, CEO de Citigroup en 2007: “Cuando la música se detenga las cosas serán complicadas, mientras tanto, si la música continúa, nosotros seguiremos bailando”.



sábado, 30 de octubre de 2021

El letargo del G20

 


La próxima reunión del G20 ya no será la portada de los diarios a nivel mundial. Si hace 13 años el foro reunió por primera vez a los jefes de estado de los países desarrollados y emergentes más relevantes, no fue por la apremiante situación económica que obligaba a la cooperación para evitar la catástrofe. En términos de gobernanza financiera los resultados fueron notables: establecimiento de nuevos estándares bancarios conocidos como Basilea III, creación del Consejo de Estabilidad Financiera, identificación de entidades “demasiado grandes para quebrar”, revisión de cuotas en el Fondo Monetario Internacional, por mencionar las más relevantes. Con la crisis superada, la reunión ya no da para ocho columnas.

Hoy no hay consenso sobre los grandes temas en la agenda, el punto más urgente, la distribución de vacunas a nivel mundial contra el covid-19 es el elefante en la sala, pues no hay justificación que explique el acaparamiento de vacunas por parte de los países desarrollados.

¿Cómo es que se dejó ir la oportunidad de convertir el G20 en un auténtico mecanismo de Gobernanza global? Se pueden mencionar por lo menos 3 factores. El primero es que la ambiciosa agenda de reforma financiera se limitó a mejorar la regulación, es decir, a comprometerse a cambiar en el papel, sin asegurarse de que se lograran los objetivos materialmente. Ejemplo de ello es la Ley Dodd-Frank de Reforma de Wall Street norteamericana, que, a pesar de sus elementos positivos, hasta hoy sigue teniendo altibajos, como lo demuestran casos como Archegos o la discontinuación de listas de entidades sistémicas.

Un segundo factor es el cambio de liderazgos en todos los países, pero, sobre todo, la llegada de líderes contrarios al multilateralismo como Theresa May y Boris Johnson en Reino Unido y Donald Trump en Estados Unidos, los cuales degradaron el nivel del foro y evitaron comprometer a sus estados en acuerdos mínimos que significaran perdida del status quo. Los más claros ejemplos son la reticencia norteamericana a aceptar la 16va revisión de cuotas del FMI, así como la retirada del Acuerdo de París.

Un tercer factor  es la falta de ambición y coordinación por parte de los países emergentes para obligar a trabajar una agenda más profunda a los países desarrollados. Ejemplos hay muchos: no se presionó para cambiar el peso de las calificadoras de valores a pesar que se encontraban en su peor momento reputacionalmente; no se impulsaron mecanismos para acabar con los paraísos fiscales; no se procuró cerrar las lagunas institucionales en la arquitectura financiera internacional como los mecanismos de resolución de deuda, por mencionar algunos.

Finalmente, al día de hoy podemos observar que, aunque se mantienen muchos de los retos previos a la crisis de 2008, se logró superar la coyuntura y las reformas han sido por lo menos atenuantes ante casos particulares o como vemos ante la pandemia en curso, al obligar a la paralización de actividades económicas, no ocurrieron daños sistémicos en términos financieros, en sí mismo una gran noticia. Sin embargo, los retos de hoy no son los mismos de hace 10 años, la ciberseguridad y los criptoactivos no estaban en el radar en ese momento, ni tampoco las preocupaciones por las finanzas verdes.

Que el G20 pase de noche tiene explicación, ahora la agenda se dirige a otro escenario, el mayor reto es hacer que los inminentes impactos del cambio climático obliguen a los líderes globales al compromiso.  La siguiente parada es el encuentro de la COP26 en Glasgow.

lunes, 10 de agosto de 2020

Sobre la reunión de ministros de finanzas y gobernadores de los bancos centrales del G20, bajas expectativas

 

“Estamos viendo como nos quitamos este problema de encima, para volver a nuestra agendita previa” parece ser el sentido del comunicado de la reunión de ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales del G20, como si a 12 años de la crisis financiera hubiera algo que celebrar.

Sin duda, el G20 ha dejado de ser “el comité para salvar el mundo” como lo fue en 2008; aun así, las reuniones de los ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales tienen el potencial de ser el origen de las iniciativas más audaces para un nuevo arreglo económico internacional. No es que no existan iniciativas sobre la mesa, es que parece que están mentalmente ubicados en principios del siglo XXI, donde los mercados financieros eran la respuesta a todos los problemas.

El comunicado de la reunión de mediados de julio no da muestras de la identificación de una oportunidad para una arquitectura financiera internacional más equilibrada, ni de empatía hacia el terrible impacto que la pandemia de Covid-19 está causando en las partes más vulnerables de sus sociedades. Sin siquiera mencionar los escenarios negativos previstos por las instituciones financieras internacionales como el Fondo Monetario Internacional (participe de los encuentros) para los próximos años, se sujetan al guion de un plan de acción que tan solo compromete a que cada uno se rasque con sus propias uñas y actúa de acuerdo con las leyes de oferta y demanda. Política monetaria laxa, política fiscal expansiva y respeto a las reglas del libre mercado; la idea clave del plan es mantener la liquidez. Se espera que, como si se tratara de los bancos en la crisis de 2008, tan pronto como se pueda salir a la calle, los negocios volverán a la normalidad y el crecimiento retomará el rumbo. Además de limitado en propuestas, el plan también es tan poco valorado que el primer compromiso señala el “total cumplimiento con las Regulaciones Internacionales de Salud”, cuando Estados Unidos anunció a finales de mayo su retirada de la Organización Mundial de la Salud.

Es evidente que los ganadores de la globalización, los países desarrollados, planteen dicho escenario. Lo sorprendente es que los países en desarrollo avalen la misma respuesta debido a que la capacidad de sostener empresas es distinta, el espacio fiscal es más ajustado, el costo de la deuda está aumentando y podría llegar a ser insostenible en algunos casos.

Argentina, participe del evento, está a unos días de enfrentar un nuevo impago a su deuda y la oferta del G20 a un escenario de ese tipo (la reestructuración de deudas), es planteado tan solo para los países menos adelantados. En México, tan solo por la contracción de su economía, la deuda aumentará al 55% del producto interno bruto y para nada hace suyas propuestas como la del Ex secretario Ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, José Antonio Ocampo, que señala que las calificaciones soberanas no deben modificarse en tiempos de pandemia, aun sabiendo las altas probabilidades de que esto ocurra el próximo año. Lo mismo puede decirse de los riesgos en que se encuentra Turquía con la devaluación de la lira o lo que pudiera ocurrir con Brasil y su creciente endeudamiento.

Como es bien sabido, todo vacío de poder tiende a llenarse y el G20 está ofreciendo una oportunidad de oro para quien busque asumir el liderazgo internacional, quizá la clave esté en la carrera por la vacuna anti Covid-19. Mientras tanto cada estado tomará sus medidas al interior, consistentes o no con lo acordado, pero legitimar un planteamiento tan mínimo parece innecesario. Sin una agenda real de cambio, quizá para la reunión de presidentes del G20 mantener el formato virtual sea lo más adecuado, pues no merece la pena ningún gasto ante sus mínimos resultados.

 

miércoles, 25 de julio de 2018

Calentando motores para la reunión del G20 en Argentina


El fin de semana se reunieron 23 ministros de finanzas, 14 presidentes de Bancos Centrales y 10 titulares de organizaciones internacionales en Buenos Aires para dar seguimiento a la agenda del G20, los asuntos a tratar van más allá del crecimiento económico. Para esta tercera reunión los temas tratados se pueden clasificar en tres grupos: evaluación de la economía y sus riesgos, temas prioritarios bajo la Presidencia pro-tempore Argentina y construcción de la arquitectura financiera internacional.

El G-20 representa dos tercios de la población mundial, 85 por ciento del producto interno bruto y 75 por ciento de todo el comercio internacional, por lo que sus decisiones son de gran impacto, pero quizá desde la perspectiva de las finanzas, es decir del espacio que ocupan los Bancos Centrales y Ministerios de Hacienda no hay mucho por hacer por el momento, por un lado, no pueden evitar las alternativas políticas que las sus sociedades están eligiendo, (la vuelta hacia el interior, el proteccionismo) mientras que por el otro,  dejar sus economías bajo la inercia de la recuperación probablemente  los hará salir bien librados  hasta el final de sus mandatos.

Desde las primeras reuniones que se realizaron en 2008 para atender de manera urgente los temas relativos a la crisis financiera, el G20 ha ido ampliando la agenda de la gobernanza global a temas tan variados como medioambiente, laboral o tecnológico; no obstante, todos ellos concurren de alguna manera en la agenda financiera. Habría que señalar que los encuentros este año han sido menos álgidos comparados con lo ocurrido en Alemania el año pasado, durante la presentación del equipo económico Norteamericano del presidente Donald Trump con el secretario del Tesoro, Steven Munchin, a la cabeza quien mantuvo la retórica en momentos en que la imposición de tarifas arancelarias estaban a un paso: “Continuaremos utilizando todas las herramientas de política para apoyar un crecimiento fuerte, sostenible, balanceado e inclusivo” es lo que se señala la declaración final. Quizá la cordialidad del encuentro  este año, tenga que ver con que la economía global está en ritmo y como lo indica el reporte anual del Banco Internacional de Pagos, no hay grandes retos a corto plazo. Las amenazas de una guerra comercial, los desbalances globales, la desigualdad y el crecimiento estructuralmente débil son tendencias a observar en el mediano plazo.

En temas de la arquitectura financiera internacional conviene recordar que la creación del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB) en 2009 sin duda fue pieza clave y desde entonces el trabajo de coordinación con los organismos emisores de estándares (Comité de Basilea para la Supervisión Bancaria, Organización Internacional de Comisiones de Valores, Asociación Internacional de Supervisores de Seguros) ha sido exitosa, al punto en que a 10 años de la crisis, el trabajo entró en una etapa de “evaluación de las reformas y sus consecuencias” cuyos resultados seguramente se estarán presentando en la reunión del FSB de noviembre, al tiempo que ataja temas nuevos como los relacionados a las tecnologías financieras aplicadas a las finanzas (FINTECH). Del otro lado de la moneda podemos ver una lenta adaptación de las instituciones de Bretton Woods, apenas en 2016 el Fondo Monetario Internacional (FMI) aprobó la XIV revisión de cuotas de 2010 y ya tendría que estarse trabajando en la XV revisión, para lo cual el comunicado señala como fecha limite la reunión anual del próximo año.

Argentina, haciendo uso de las facultades del anfitrión plantea como prioridades de 2018 “El futuro del trabajo”, la “Infraestructura para el desarrollo” y “Un futuro alimentario sostenible”. Bajo el primer punto el grupo de titulares de finanzas respaldó el Menú de Opciones de Políticas para el Futuro del trabajo, hablando de que este ayudará a aprovechar las tecnologías para fortalecer el crecimiento y productividad; ayudar a las personas a enfrentar desafíos distributivos y promocionar la igualdad de género y la cooperación. Paliativos ante la tendencia de automatización la tercerización del trabajo que parecerían irreversibles a estas alturas. Al presentarse los avances de la Hoja de ruta hacia la clasificación de la Infraestructura como activo, la idea es impulsar la inversión del sector privado en las carteras de proyectos de infraestructura con una metodología estandarizada.

Finalmente, conviene resaltar que, en el comunicado del encuentro, se da la bienvenida nuevamente a las “Guías Operacionales para el Financiamiento Sostenible” y los trabajos sobre el endeudamiento del Banco Mundial (BM), el FMI y el Club de París, pero aún no se ven propuestas para que se presente en la mesa de discusión la creación de un tribunal de arbitraje de la deuda. Algo de esta naturaleza sería un gran paso si es presentado por el esperado reporte del Grupo de Personas Eminentes del G20 sobre Gobernanza Financiera. Mientras tanto, en las próximas reuniones veremos temas de la agenda como el financiamiento al terrorismo, la inclusión financiera y las finanzas sustentables ocupan mayores líneas en sus comunicados.

martes, 3 de julio de 2018

Banqueros centrales, en sus palabras “salvadores del sistema financiero mundial”

Agustin Carstens Gerente general del Banco de Pagos Internacionales, presentó recientemente el informe anual de la institución que encabeza.
Poniéndole su sello a tan solo siete meses de asumir, el informe ahora se dividirá en dos publicaciones, una (informe anual) con los resultados financieros y actividades institucionales y otro el Informe Económico Anual (IEA), conteniendo el análisis de la economía mundial.
El IEA contiene tres capítulos sobre el desarrollo de la economía mundial, se analizan los riesgos y prospectivas del mundo que enfrentan los tomadores de decisión en materia de política monetaria y regulación financiera.
El punto de partida del análisis del BIS es la vuelta a la estabilidad a 10 años de lo que se señala como la “Gran Crisis Financiera” tomando como indicadores clave el ritmo de crecimiento mundial, las tasas de inflación y el nivel de empleo.
A corto plazo el reporte considera que se vive en un escenario favorable “una de las expansiones económicas más prolongadas del período posterior a la II Guerra Mundial”, lo cual para Carstens “pondría a prueba las nociones del pleno empleo”. En la presentación del documento el exbanquero central de México señaló que la comunidad de bancos centrales debe sentirse satisfecha con el estado de la economía global” pues se evitó una “Gran depresión” tras una década de esfuerzos con política acomodaticia y no convencional.
De tal modo, la prueba a futuro será mantener una expansión sustentable. La pregunta de los banqueros es ¿Cómo es posible el nivel de crecimiento actual sin generar inflación? La evidencia empírica contradice la ortodoxia económica, para lo cual solamente se tienen hipótesis como avances tecnológicos y el efecto mismo de la globalización (argumento recurrente en los reportes anuales).
Al ser la prudencia uno de los valores fundamentales de los bancos centrales, sea cual sea su composición y mandatos, el informe señala las vulnerabilidades que el BIS considera, podrían afectar la tendencia favorable del crecimiento en el mediano plazo:
·         Los desequilibrios constantes tras la recuperación y la actual dependencia de la laxitud monetaria, que se refleja en mercados financieros con sobreprecios.
·         El constante aumento del nivel de endeudamiento soberano, rompiendo records constantemente (por encima de los 160 trillones de dólares, significando el 300% del PIB mundial).
El punto de implosión o como se conoce comúnmente “Momento Minsky” es lo que genera inquietud, ¿serán las medidas proteccionistas a nivel comercial? ¿será una descompresión repentina “snapback” de la economía con bonos soberanos históricamente bajos? ¿será una corrección en el apetito de riesgo en los mercados? Lo que no deja lugar a dudas para la comunidad de banqueros centrales es que ya sea en el mediano o en el largo plazo las amenazas podrían estallar, y ahora las el toolkit de política monetaria se encuentra más limitados que antes de la crisis. Ahora es el momento de atenuar las tendencias.
Carsterns concluye con los pasos a seguir: asegurar el progreso de la última década, segundo, continuar el camino de la regularización de la política monetaria, tercero, mantener una perspectiva de largo plazo y limitar la acumulación de desbalances de acuerdo con un marco de estabilidad macroprudencial y finalmente, redoblar los esfuerzos de las reformas estructurales para fortalecer el potencial de crecimiento y la resistencia económica.

lunes, 4 de septiembre de 2017

El papel del Financial Stability Board 3 Los retos para el futuro

Al dar por concluida la agenda post crisis inicia una nueva etapa en la política regulatoria internacional, primero analizar los efectos de las reformas, segundo identificar nuevos problemas y tercero trabajar para aquellos temas que no han sido resueltos del todo,

Quieres saber que temas deben estar en la agenda?


lunes, 21 de agosto de 2017

El papel del Financial Stability Board 1

En 2009 se institucionalizó la agenda regulatoria de los países desarrollados y emergentes reunidos en el G20 mediante la creación del Financial Stability Board.

Hoy 2017 se da por concluida la agenda post crisis, cuales fueron las prioridades en este proceso?

Comentemos sobre los 4 puntos esenciales...


sábado, 25 de marzo de 2017

Al ritmo del G20



Menos de 10 años[1] duró el trato fraterno entre los países desarrollados y emergentes reunidos en el G20. Éste grupo, como antes lo fue el G8 y el G6 busca coordinar y establecer las directrices del sistema económico mundial, entendiendo que la soberanía nacional ya no basta para mantener bajo control las variables financieras más importantes; a éste mecanismo de coordinación podríamos llamarle gobernanza financiera.
Hoy en día, previo a las reuniones; los analistas pueden formarse una idea más o menos clara de lo que se discutirá, las posturas con las que llegan los actores y el rumbo que se espera tomen las cosas. En las cumbres similares hace dos décadas la información era limitada, gran parte de la identidad de los involucrados desconocida y la agenda y los compromisos resguardados bajo el más alto nivel de secrecía.
Por otro lado, al igual que antes, para los ciudadanos resulta difícil entender la trascendencia de éstos encuentros de alto nivel; al finalizar se publican sendos comunicados con rutas hacia un destino de bienestar inevitable, que pasan por la cooperación y la firma de documentos protocolarios, pero que muy remotamente establecen metas cuantitativas y mucho menos medidas en caso de no lograr algún elemento de la declaración. Como consecuencia, el mundo de las relaciones internacionales se vuelve una ociosidad para el común de la gente.
Sin embargo, a diferencia de los que sucedía antes, resulta que las reuniones actuales si tienen puntos finos que merecen ser seguidos por los ciudadanos de todas las nacionalidades, ya no son solamente los jefes de estado y de gobierno o los cancilleres los que participan de éstos acuerdos; ahora se suman a las discusiones supervisores financieros, titulares de finanzas y los banqueros centrales. Resulta que es en éstas reuniones donde se marcan las pautas para la inversión, las reglas bajo las cuales los bancos y otros organismos financieros operarán entre países, los acuerdos entre lo que sí estará permitido o no en la industria financiera, cómo se trabajará para fortalecer el crecimiento y la baja inflación y aquellas medidas para evitar la evasión de impuestos, en otras palabras, se discute, nada más y nada menos el ritmo al cual bailarán los países con sus políticas fiscales, monetarias y financieras.
Si los representantes un país se inclinan a favor de determinada política económica que podría ayudar al crecimiento de su país y resulta que la idea es contraria a éstas directrices del G20, difícilmente llegará a implementarse y a muy altos costos. Por ejemplo, disminuir el capital requerido a los bancos para impulsar el crédito, podría ser una medida coherente, sin embargo, las consecuencias de facto serán que los inversionistas globales se alejarán de su país por una cuestión reputacional, ya que al no cumplir con los estándares de Basilea III que piden mayor nivel de capital se consideraría una jurisdicción poco segura para invertir.
Este escenario es el mismo si se es miembro o no del G20, las directrices o “buenas prácticas” acordadas impactan a todas las economías, no solo a los miembros. Como se mencionó, la gobernanza hace necesaria la participación de países como México, Arabia Saudita o Sudáfrica; en el sentido de añadir representatividad; más no necesariamente en la fijación de la agenda.
La dinámica real del organismo quedó establecida desde las primeras reuniones, el consenso obtenido entre los países desarrollados es más que suficiente para establecer la agenda; en cambio, cuando el consenso se rompe entre las potencias una historia distinta sucede, actualmente podemos ver como Estados Unidos presenta disensos respecto a medidas a favor del libre comercio; ¿habrá consecuencias reputacionales que obliguen a modificar sus políticas? De ninguna manera, de hecho, resultan tan irrelevantes las reglas del juego fuera del consenso que incluso si se establecieran medidas coercitivas o formales el resultado sería el mismo; está por verse como logra la Organización Mundial de Comercio donde si existe un acuerdo formal, evitar las medidas proteccionistas del presidente Trump.
Si, el mundo necesita coordinación, reglas y acuerdos; la soberanía en nuestros tiempos no es lo que fue en tiempos de la Unión Soviética, sin embargo, al ver la agenda de los organismos internacionales podemos identificar como hay miembros que son sujetos de las reglas y miembros que las redactan. He ahí la causa de que los ciudadanos de las naciones en desarrollo deban prestar más atención a éste juego de la política internacional, de ello dependerá el margen de actuación de sus gobernantes en las políticas económicas a nivel interno.



[1] Considerando a partir de la Cumbre de Washington celebrada el 15 de noviembre de 2008.

lunes, 13 de marzo de 2017

La agenda del FSB para 2017; consolidación y evaluación de las reformas


El pasado 28 de febrero tuvo lugar la primera reunión anual del Financial Stability Board (FSB), los temas presentados en ésta serán los que estaremos viendo en la agenda del G2O en la reunión de julio en Alemania.

A casi 10 años de distancia de la más reciente crisis financiera global, la agenda de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, se enfocó en la revisión de la implementación de las reformas y la calibración de los resultados indeseados o subóptimos, tanto en países desarrollados como en mercados emergentes, pero con un énfasis en los últimos. En la ruta de las reformas, el trabajo de implementación ha recaído principalmente en los organismos especializados como el Comité de Basilea para la Supervisión Bancaria o en la Organización Internacional de Comisiones de Valores, mientras que el FSB ha actuado como el eje articulador y la cara visible de las reformas ante el G20. De tal manera que, tras cumplir con sus mandatos, inicia una nueva etapa de trabajo enfocado en la evaluación de la coherencia y la identificación de los efectos no deseados de las reformas como un todo, por lo que al día de hoy se encuentra recabando estudios y propuestas de los miembros y con base en éstos, en julio en la reunión del G20, se presentará el plan de trabajo correspondiente.

Respecto a los temas aún por concluir; se presentó un reporte sobre la interdependencia entre las contrapartes centrales, los miembros liquidadores preponderantes y los proveedores de servicios financieros. Este punto va alineado con la consulta publicada en febrero sobre la guía de resolución de contrapartes centrales. Hay que tener en mente que la infraestructura de los mercados también ha sido considerada como parte de la clasificación de Instituciones Financieras Sistémicamente Importantes, aunque no necesariamente se puede esperar una lista como las que publica el FSB para bancos o aseguradoras cada noviembre.

En cuanto a los temas de la agenda de mayor relevancia para los países emergentes, (discutidos en el foro ad oc, organizado en las mismas fechas) se sigue haciendo mención a los impactos en la liquidez de los mercados de valores locales, ya que medidas como la estandarización de instrumentos derivados o la negociación de los llamados derivados “over the counter”, pueden provocar la disminución de las operaciones en sus mercados, tanto por mayores costos, como por limitaciones regulatorias de los países en los que se encuentran los participantes del mercado.

Mientras que en el seno del G20 participan países emergentes como los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), otros como Argentina, México, Corea del Sur y aquellos invitados por el anfitrión; en el FSB se ha buscado la forma de dar voz a todos los países mediante la conformación de diversos grupos regionales, de forma que puedan dar seguimiento a tendencias y retos de la regulación discutidos por los miembros de la plenaria del organismo y a su vez éstos puedan plantear aquellos temas que consideren deban ser discutidos a nivel internacional. Así es como se ha logrado que uno de los recientes puntos de atención del FSB sea el impacto en las relaciones entre bancos a través de las fronteras, pues debido a la sobrecarga de medidas preventivas de lavado de dinero, en algunos países se inhibe la prestación de servicios a otras jurisdicciones, (el llamado de-risking), teniendo impactos en la actividad económica; resultado de esto es que en diciembre del año pasado el FSB publicó un documento sobre el plan de trabajo para el grupo encargado de atender el tema.

Al tiempo que se vaya concluyendo con el trabajo de la agenda poscrisis, entre los asuntos que irán tomando fuerza se encuentra el relacionado con el cambio climático, para el cual el FSB creó un grupo de trabajo relativo a la revelación de aspectos que afecten el cambio climático y para el cual ha sido emitido para consulta un documento. En el mismo sentido, encontramos las propuestas de trabajo en fintech, ya que es un área de oportunidad para que los mercados emergentes logren un mayor alcance de usuarios de servicios financieros.


Restará ver si los cambios en la orientación ideológica de los nuevos gobiernos, háblese Estados Unidos, Francia o Reino Unido, permitirán mantener la dinámica de trabajo y los compromisos logrados en éstos casi 10 años.